Si han caminado por San Cristóbal, la han visto: la garita que sale sola hacia el mar, en el extremo del castillo, suspendida sobre el Atlántico. Es la garita más famosa de San Juan — y tiene la historia más oscura de todas.
La leyenda, tal como se cuenta desde hace más de doscientos años, va así. En los tiempos de la guarnición española, a un soldado — en muchas versiones se le conoce por el apellido Sánchez — le tocó el turno de noche en esa garita. Era el puesto más solitario del fuerte: lejos de los cuarteles, con el viento y el mar rompiendo abajo. Para aguantar las noches, el soldado llevaba su guitarra y tocaba hasta el amanecer (en otras versiones, cantaba flamenco).
Una noche, los demás soldados escucharon la música como nunca: más bonita, casi imposible. Algunos cuentan que se vio una luz extraña sobre la garita. Al amanecer fueron a relevarlo… y el soldado no estaba. Había desaparecido sin dejar rastro. Quedaron su fusil — y según la versión, su guitarra — pero de él, nada. Ni cuerpo, ni señal de lucha, ni manera humana de salir de una garita colgada sobre el mar sin que nadie lo viera.
La conclusión de la guarnición fue inmediata: se lo llevó el diablo. Unos dicen que el soldado había hecho un pacto. Otros, que el diablo vino a escucharlo tocar y se lo llevó a mitad de canción. Y hay una versión menos sobrenatural que a mí siempre me ha parecido la más boricua de todas: que el hombre desertó, se escapó con un amor que tenía en la ciudad, y la historia del diablo fue la cobertura perfecta — porque después de eso ningún soldado quería ese turno, y más de uno debe haber usado el miedo para cambiar de puesto.
Lo que sí es seguro: no existe documento histórico que confirme la desaparición. Es leyenda pura. Pero es una leyenda que ha sobrevivido siglos, contada de abuelos a nietos, y la garita sigue ahí — la pueden visitar hoy, al final de San Cristóbal.
¿A ustedes qué versión les contaron? ¿La del diablo, la del desertor, o alguna otra que no he escuchado?